El amor según... Disney
El mito del amor romántico en las pelis de Disney, el felices para siempre y la pregunta de cómo encaja en la vida real

Si hay algo que se espera que una niña sea es una princesa. Pero, ¿cómo es una princesa? ¿Qué se nos viene a la cabeza cuando usamos esa palabra?
Ser una princesa no tiene que ver en el imaginario de una niña con un título nobiliario sino con ser como Blancanieves, Cenicienta, Aurora, Ariel, Bella, Jazmin, Pocahontas, Mulan, Tiana, Rapunzel, Merida o más recientemente Moana. Estas mujeres tienen todas en común, exceptuando a las últimas, ser parte de una épica historia de amor. En 1937 Disney tuvo su primer gran éxito de taquilla con Blancanieves y los 7 enanitos. Desde ese momento se inauguró una franquicia que continúa hasta la actualidad: las princesas de Disney.
Si bien se cuestionaron y analizaron con un ojo moderno muchas de las historias de las princesas, sobre todo de las más antiguas, siguen teniendo gran popularidad y siendo parte fundacional de la vida de muchas niñas y mujeres que crecieron mirando soñadoramente esas historias.
Aurora pasea por el bosque cantando “Eres tú el príncipe azul que yo soñé… eres tu la dulce ilusión que yo soñé…” ¿Se les enseña a los niños varones a ser ese príncipe azul?
El camino de la heroína de las películas de princesas comienza con ellas solas, llorando, encontrándose con las limitaciones de su mundo. Es entonces cuando aparece el príncipe, desde un reino lejano, o desde una realidad diferente, a expandir el mundo de la princesa, a ayudarla a escapar de su realidad. Su final feliz llega cuando ambos superan a los obstáculos que les impiden estar juntos y consiguen su “felices por siempre”.
Aladdin tiene la alfombra mágica que lleva a Jasmin a recorrer un mundo distinto, el príncipe Felipe despierta de su sueño a Aurora con un beso de amor verdadero, Ariel renuncia a su voz y a su vida bajo el mar por el príncipe Eric y Cenicienta es rescatada de su horrible realidad doméstica por haber sido elegida por el príncipe.
Con la Bella y la Bestia ya entramos al terreno de “yo lo puedo cambiar”, ese monstruo puede convertirse en un príncipe si es amado correctamente!! Se sigue perpetuando el mito de que el final feliz solo se consigue si el amor prevalece a los obstáculos y los protagonistas terminan emparejados y juntos.
La única peli de princesas donde los protagonistas no terminan juntos es Pocahontas. Una película disruptiva en todo sentido, ya que presenta el choque entre dos culturas y las contradicciones de dos personas que viniendo de mundos opuestos y enfrentados, se enamoran.
A partir de Merida, de la película Valiente, empezamos a tener protagonistas que no dependen de un príncipe para tener una trama interesante. A ella le siguen Elsa, de Frozen, donde por primera vez se subvierte el lugar de mujer poderosa como villana -la bruja malvada siempre es una mujer poderosa y solitaria, que envidia a nuestra heroína por su belleza- y se explora la profundidad que sus cualidades le traen al personaje.
Si vamos más allá de las princesas, podemos encontrar parejas en todas las pelis animadas de Disney. Hercules tiene a Megara, la dama al vagabundo (son perros, y se enamoran), Tarzán tiene a Jane, Rapunzel a Flynn Ryder, Anna de Frozen a Kristoff… Aunque si hablamos de la historia de Anna, es interesante el giro de la trama donde parece ser una historia tradicional de Disney, ella se enamora de Hans, el príncipe perfecto y él le pide matrimonio el primer día que se conocen, pero la termina traicionando y queriendo usarla solo para quedarse con su reino. Es un poco una manera de decir, enamorarse de alguien en un día es poco realista y puede terminar mal.
Otra ruptura interesante en el mundo Disney es “Encantada”, donde una princesa de cuento tiene que salir a vivir en el mundo real y se encuentra con que los clichés que tan bien funcionan en su reino de fantasía no lo hacen en el mundo real. Aun así, termina en pareja con una persona de carne y hueso y se queda a vivir en Nueva York por él.
En conclusión, el mito del amor romántico podría decirse que encuentra prácticamente un hábitat natural en las películas de Disney. Es el lugar donde todo es perfecto y armonioso. El lugar donde los sueños se cumplen. Donde el amor está predestinado, todo lo puede, es el camino a la felicidad, es todo para una sola persona y requiere de nuestra total entrega.
Entonces cabe preguntarnos ¿el amor es eso que nos muestran las pelis de princesas? ¿tiene siempre que ser un felices PARA SIEMPRE? ¿Si amaste a alguien, tiene que durar toda la vida? Estas no son preguntas que una se haga a los 6 años mientras mira embobada el vestido de Aurora cambiar de color mientras se balancea bailando un vals con su principe hacia la promesa de la felicidad eterna. Es cuando crecemos, que nos damos cuenta que las cosas no son tan así, y que querer hacer encajar la realidad en ese molde es frustrante y doloroso.
